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martes, 29 de julio de 2008

Ideologías versus realidades

En una época como la que estamos viviendo en el país donde con ideologías trasnochadas se pretenden desconocer desastrosas experiencias del pasado y hechos contundentes de la realidad, no podían faltar las voces que exigen la eliminación del actual sistema de capitalización individual y el retorno al sistema de reparto en el sector de pensiones.
Convengamos que en ningún país se ha aplicado o aplica un sistema de pensiones de jubilación perfecto. Sin embargo, es evidente que unos son mejores que otros como es el caso del sistema de capitalización individual en relación al de reparto.
En el sistema de reparto, los trabajadores activos aportaban mensualmente recursos a una bolsa común de la cual se hacían retiros para pagar las pensiones de los trabajadores jubilados. Si un trabajador se jubila con una pensión equivalente al 100% de su último salario y los trabajadores activos aportan un 10% de un salario similar, se requerirían 10 trabajadores activos para cubrir la pensión de ese trabajador jubilado. Pero todo sistema de pensiones debe ser administrado por alguien (recauda los aportes y paga las jubilaciones), lo que tiene un costo. Supongamos que el administrador es transparente y que no se roba nada de los aportes (exactamente lo contrario a lo que hacían los administradores en el anterior sistema de reparto) y que el costo es del 5% (en el anterior sistema de reparto el costo de administración, en algunos casos, llegó a superar el 20%). Bajo los supuestos anteriores, en el sistema de reparto se requerirían 10,5 trabajadores activos que aporten mensualmente para pagarle la pensión de jubilación a un jubilado.
Ahora bien, como se observa en Alemania, Francia, España y Japón, para mencionar sólo algunos países donde el sistema de reparto está en una creciente crisis, cuando una economía se desarrolla suelen presentarse dos efectos sobre la población. Por un lado, tienen menos hijos, lo que disminuye en el tiempo el potencial de trabajadores activos que hacen aportes y, por otro lado, viven más años, lo que demanda mayores recursos para pagar la jubilación, recursos que cada vez son menores por el primer efecto mencionado. Al haber cada vez más jubilados que viven más años y menos trabajadores aportantes, la relación de 10,5 trabajadores activos por un jubilado no es posible de mantener (en España la relación se encuentra en 2 a 1), razón por la cual el sistema de reparto entra en quiebra y el Estado debe cubrir el creciente déficit cobrando más impuestos a los trabajadores y/o aplicando medidas alternativas, como extendiendo la edad a partir de la cual una persona se puede jubilar.
Los sectores que añoran el sistema de reparto argumentan que éste es más solidario que el sistema de capitalización individual, porque quienes trabajan cubren la jubilación de quienes ya no lo hacen. Sin embargo, se olvidan de la triste realidad de un país pobre como Bolivia, donde las personas que perciben menores ingresos viven menos años que las personas que perciben más ingresos. En consecuencia, de retornarse al sistema de reparto en el país, las personas de menos ingresos terminarán financiando la jubilación de las personas de más ingresos. Interesante concepto de solidaridad.
Por sus connotaciones sociales, económicas y financieras, el tema de pensiones requiere ser estudiado, analizado y tratado con seriedad y responsabilidad. El pago de rentas adecuadas a los ciudadanos que han reunido los requisitos para jubilarse, la posibilidad de incrementar el ahorro interno de largo plazo, así como ampliar y mejorar el financiamiento de las actividades productivas, son aspectos cuya significativa importancia supera ampliamente los intereses particulares de ciertos sectores (como el sector del magisterio que tendría algunas obligaciones emergentes del anterior sistema pendientes con el Estado) o el planteamiento de posiciones ideológicas, que al no complementarse con un poco de información, no sólo pretenden desconocer las matemáticas básicas, sino que pueden producir efectos exactamente contrarios a los que, ´al parecer´, se persiguen.
*Armando Álvarez A.es analista económico y financiero. Ex gerente general de la Bolsa Boliviana de Valores

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